Encontré este texto de hace 5 años y quiero compartirlo. Hace unos meses Santuli partió y me dejó un hueco en el corazón. Luego de su partida, escribí otro texto para alivianar el dolor, pero será para otro día porque sino se hace muy largo. Este texto que encontré lo había titulado, "En los ojos de Santuli" y dice así:
Me llamo Santuli. En realidad soy un gato y ese es el nombre al cual respondo, el que me pusieron mis “dueños”, “papás”, “amos”, “humanos”.
Vivo en una casa con jardín ahora, eso me hizo estar un poco más tranquilo, menos alterado. Solo un poco. También ya voy a cumplir 6 años aproximadamente y quizás se trate de que estoy madurando y volviendome adulto jaja.
Generalmente a la mañana estoy con Ceci, mi humana. Ella pone música tranquila y yo me acuesto a disfrutarla. A ella le gusta escribir, a veces recorta y pega cosas y es ahí cuando me agarra la curiosidad extrema y quiero jugar con su lapicera, con su tijera, con sus recortes de papeles. Ella hace bollitos y los tira para que yo los vaya a buscar y juegue. Paso lindo tiempo con ella. Conectamos. Yo la cuido, siempre estoy a su lado, compartimos el tiempo, la vida. Ella me acaricia, y a pesar de que no me gusta mucho, cuando me acaricia en la cabeza o al lado de la oreja me relajo.
Cuando ellos se van por un tiempo, que ya lo he vivido varias veces, creo que lo llaman vacaciones, la verdad es que la extraño y me aburro un poco solo. Cuando vuelve se lo demuestro ronroneando, cosa que no suelo hacer, sólo en momentos de máximo cariño.
Tengo el pelaje gris, creo que algún ancestro mío fue lo que llaman los humanos “de raza”. Ceci investigó y vió que la raza se llama Azul ruso. Tengo mis ojos verdes amarillentos. Soy suave y estoy gordito. Eso creo que fue consecuencia de que me castraron y que viví la mayor parte de mi vida en departamentos. Si bien ella me hace correr a veces cuando jugamos, corro un rato y me canso enseguida.

De chiquito tuve un pequeño trastorno en el corazón. Quiero contar como fue mi historia de pequeño, aprovecho este instante en que está sonando un piano muy relajante y me encuentro sentado al lado de Ceci muy tranquilo. En estos días está haciendo excesivo calor y si bien no es que lo sufro mucho como otros animales (mas bien sufro el frío), me acuesto en el piso fresquito. No me gustan los ventiladores ni los aires acondicionados, a no ser que estos últimos tiren calorcito, ahí suelo acostarme justo donde tira el calor y me quedo durmiendo siestas en invierno.
Mi historia empieza en una reserva natural en la zona de Lomas de Zamora, se llama Santa Catalina. Es un lugar muy lindo, con mucho verde, se encuentra al lado de la Universidad de Lomas de Zamora. Es un oasis en medio de tantos autos y tanto pavimento. En algunas partes de este predio trabajan y estudian los futuros ingenieros agrónomos y otra parte esta reservada a conservación de la biodiversidad. Ceci y Laure fueron algunas veces a pasear. No muchas porque hay zonas de este lugar que están un poco aisladas de la gente y son peligrosas por la inseguridad. Ese día, era abril del 2014, llevaron las bicis. Ellos vivían en un departamento de dos ambientes en Banfield, pedalearon bastante para llegar a la reserva y entraron por la calle Garibaldi. Anduvieron paseando y cuando volvían, ahí estaba yo, con tan solo tres semanas de nacido y 300 gramos de peso. Iban caminando con las bicis al lado y les llamaron la atención mis maullidos, muy finitos y fuertes. Ahí me vieron. Yo entraba en una mano. No sé adonde se habían ido mi mamá ni mis hermanos, mi mamá seguramente a buscar comida por ahí. Yo gritaba porque tenía hambre y estaba perdido. A lo lejos encima venían un grupo de perros. Ceci me agarró y creo que nunca dudó que me iba a llevar con ella. A ella le gustan mucho los animales, muchísimo. Tenía perros, pero habían quedado en la casa de su mamá. Ahora hacía un tiempo que no compartía sus días con una mascota y se ve que tenía necesidad de dar y recibir ese cariño. Nunca había tenido un gato.

Ellos buscaron si veían a mi mamá por ahí, pero no estaba. Creo que ella se pregunta hoy en día qué hubiera pasado si me dejaba ahí, si hubiese sido feliz, si hubiese sobrevivido. En realidad creo que también se cuestiona si soy feliz viviendo con ella, y la verdad es que debo decir que si. Me siento muy a gusto, tomo mis siestas, siempre tengo comida y agua, me acarician, juegan conmigo. Quizás extrañe no haber compartido más tiempo con mi mamá y hermanos, con otros de mi especie, pero la vida así lo decidió.
Me acuerdo que yo no veía bien, porque era muy chiquito. Me metió en su mochila y pedalearon hasta el departamento. Yo gritaba y gritaba. Era domingo. Llegamos y recuerdo que había un lugar de donde salía calorcito, porque hacía frío. Era un caloventor pero yo no veía nada, sólo me arrimaba allí. Me pusieron leche como para iniciar porque no tenían nada, yo no sabía comer, sólo tomaba la teta de mi mamá. Al otro día me llevaron a la veterinaria. Ellos me desparasitaron y me pusieron un spray para las pulgas. Me dijeron que había que ver si sobrevivía, porque era muy pequeño, y le dieron a Ceci un polvo que era una leche especial para cachorros como yo. Ella me daba con una jeringa cada 3 horas. Me pusieron piedritas sanitarias y yo enseguida entendí que tenía que hacer mis necesidades ahí.
Ceci estaba estudiando en esas épocas, y me tenía a upa cuando estudiaba. Poco a poco aprendí a comer por mi cuenta, pero había un problema y era que no iba “de cuerpo”, así que otra vez al veterinario. En unos días ese tema se solucionó, gracias a Cora, mi doctora. Fui creciendo. Ellos adaptaron el departamento para que yo no me cayera de ningún lado, porque me gustaba treparme con mis uñitas a todos lados, incluso a ellos, me trepaba por sus piernas y llegaba a sus hombros. Suerte que era invierno y usaban pantalones largos. Nos fuimos adaptando. Sé que fue caótico al principio, yo les desordené su departamento y un poco sus vidas, y, como soy macho, también empecé a generar olores. Cuando tuve edad suficiente me castraron. Pero antes de eso se dieron cuenta que tenía un soplo en el corazón, así que me tuvieron que medicar por un tiempo. Mi corazón late acelerado. Cuando volví de la castración me acuerdo que no veía nada, porque mis pupilas estaban enormes. Me sentía perdido, pero Ceci se quedó conmigo, también estaba su mamá, que me viene a dar de comer y me cuida cuando ellos no están.

Una vez, no sé con qué, me lastimé cerca de mi panza. Me llevaron de Cora y me puso una inyección. Me acuerdo que me asusté tanto que la mordí a Ceci con todas mis fuerzas. Ella casi se desmaya al ver el agujero que le dejé. Es que estaba muy asustado. Me pongo muy mal cuando voy a la veterinaria, me da mucho miedo. No me gusta que me saquen de mi hogar. Eso se curó por suerte, Ceci me ponía agua oxigenada. También ella se curó, porque se le podría haber infectado la herida.
Así transcurrieron los meses, recuerdo que manché todas las paredes del departamento con mis uñas, rompí un sommier, rayé toda una puerta de madera, me trepé a todos lados. Incluso, a pesar de que el balcón tenía red, maté a dos pájaros. Eso los enojó muchísimo. Entienden que es mi instinto y yo no puedo hacer nada, que no entiendo, es mi instinto de supervivencia, pero les da mucha pena porque ambos aman a los pájaros también. Creo que generé algunas peleas entre ellos. Sé que la idea principal no era que me quedara en el departamento, sino que me iban a llevar a otro lugar más amplio, lo que era la empresa del papá de Laure, pero como tuve este problema del corazón y tenían que medicarme todos los días me quedé. Así fui creciendo. Hoy tengo casi 6 años.
Vivimos un tiempo en Capital Federal también, en un departamento más chico que el anterior, recuerdo que había mucho ruido. Cada vez que me cambian de lugar suelo asustarme bastante. Me llevaron en una caja cerrada, yo tengo mucha fuerza, así que rompí una parte. Ceci se pone nerviosa en mis traslados, porque no soy un gato tranquilo. Tengo mi temperamento. En ese departamento vivimos casi un año y medio. Ahí me enfermé una vez. Tuve problemas urinarios, infección. Hacía pis a cada rato. No podían llevarme a la veterinaria porque me pongo bastante alterado para trasladarme, así que llamaron a Andrea, la veterinaria de Capital. La quería morder también. No me gusta que me revisen. Me pongo muy agresivo. Me pinchó varias veces y yo me siento como un yaguareté en esos momentos, me siento un león, me transformo. Tardé en curarme, porque no me gusta tomar antibióticos y ellos no encontraban la forma de darmelos. Finalmente lo mezclaban con paté, que me gusta y me lo ponían en mis patas. Saben que no me gusta sentirme sucio y que iba a lamerlas. Así pude curarme. Aparte del paté me gusta el chocolate, lo huelo a kilómetros, las aceitunas también y el maní. Soy un gato raro. A partir de allí me cambiaron la alimentación varias veces. Por suerte ahora estoy bien.
Allí en Capital, un tiempo que Ceci y Laure se fueron de vacaciones me cuidó una amiga de Ceci, Dalila. Ella se instaló en el departamento y me hizo compañía. Yo soy medio arisco, pero creo que le caí bien porque soy lindo y suave. Ceci estaba muy agradecida con su amiga por semejante gesto de amor hacia ella y hacia mí.
A Ceci le gusta leer y escuchar música. Y a veces me saca fotos. Le gusta mirarme a los ojos y mirarme cuando duermo. Le gusta cuando en invierno me acuesto en sus piernas, si bien estoy un poco pesado, pero le doy calorcito y se genera una atmósfera de paz hermosa, hasta el punto de que le da cosa moverse para que yo no me despierte. Yo le hago compañía, me gusta estar cerca de ella. Sé que ella me quiere mucho y tiene una conexión conmigo de amor.

Ahora vivimos en una casa con parque. Me encanta salir, me acuesto al sol o a veces me acuesto entre las plantas y tardan en encontrarme porque me camuflo muy bien. He atrapado dos pajaritos desde que estoy acá, pero ellos me vieron a tiempo y lograron salvarlos. No puedo contenerme aunque sé que a ellos no les gusta. Al punto de que a veces no me dejan salir mucho, pero ahora que ya pasó la primavera y no hay tantos pichones, salgo tranquilo.
Los miércoles viene Olga a limpiar, hace una semana la ataqué. Hay un cortocircuito en mi cerebro, será algo ancestral, un problema psicológico, no sé, pero vi su zapatilla y la ataqué. Tengo que contar también que tengo un problema personal con la escoba, y bueno, ¿qué quieren?, me crié en departamento. Cuando barren me pongo en posición de ataque y la atrapo como si fuera mi presa y la muerdo y la revoleo para todos lados. Por eso, cuando barren o ahora cuando viene Olga, me tienen que encerrar y yo maullo muchísimo porque no me gusta. Soy un gato particular.
Hoy suenan las chicharras, es verano, estamos en febrero. Anoche me dormí arriba de un bolso de viaje vacío. Es uno de mis lugares favoritos ahora en verano. Tengo mis rutinas nocturnas/matinales. Duermo a la par de Ceci y Laure, pero tipo 5 o 6 de la mañana voy al lado de ellos y maúllo para despertarlos. Lo hago tantas veces que Ceci siempre se levanta y me pregunta qué quiero. Generalmente, me quedé sin comida y por eso maúllo, pero hay veces que lo hago sólo porque estoy aburrido. Ya lo he dicho, tengo cortocircuitos.
Esta casa me gusta, tiene más espacio, hay verde, es fresca. Se siente otra armonía. Sé que Ceci está contenta con la casa, siente que vive hace un montón acá.
Y más o menos esta es mi historia. Me gusta acompañar a estos humanos. Estoy tranquilo la mayoría del tiempo (a veces no), soy un gato particular. Les dejo un saludo.
